La leche de cabra es el sustituto lácteo, por excelencia, de la leche de vaca.

Leche de Cabra

Leche de Cabra

Eso es lo que dictaminan varios estudios epidemiológicos, la incidencia de la alergia a las proteínas de la leche de vaca en los países industrializados oscila entre un 5 y un 10% entre recién nacidos. La alergia a la proteína de la leche de vaca es la alergia alimentaria más común en niños menores de 6 meses, aunque suele remitir en los primeros tres años de vida.
Las manifestaciones clínicas en la piel, son de amplio espectro, afectando principalmente al aparato digestivo, las vías aéreas y la piel, por lo que dificulta en la mayoría de las ocasiones un rápido diagnóstico, el cual se realiza mediante la determinación de IgE sérica total y un test RAST.

La leche de cabra podría ser una alternativa a este suceso, aunque contiene alfa-lactoalbúmina y una cantidad similar de caseína, tiene menos cantidad de la alfa S1, la más alérgica de la leche de vaca. Los alérgicos a la leche de vaca han de tener en cuenta que la leche de cabra también puede ser alérgica, por su contenido similar proteico, aunque en menor medida.
La leche de cabra, es consumida por el humano desde el Paleolítico, juega un papel muy importante en la alimentación infantil. Tiene menos contenido en lactosa y colesterol, pero un mayor nivel calórico por su mayor contenido en lípidos, ácidos grasos de mediana y corta cadena y proteínas con todos los aminoácidos esenciales. En cuanto a minerales tiene altos niveles de potasio, magnesio, calcio, manganeso, cobre, níquel, cromo, fosforo, cloro, bromo y selenio; y vitamina A, retino, carotenoides, vitamina D, vitaminaB1, nicotinamida y vitamina C.

Las proteínas y los lípidos de la leche de cabra son más pequeñas y finas, se parten de una manera más equitativa que la leche de cabra, esto hace que las enzimas difestivas del ser humano puedan digerirlas con más facilidad.